Registrando los parámetros de un viaje muy extraño

¿Por qué los taxis aéreos de Uber estarían prohibidos en Nueva York?

Hace unos días saltó la noticia de que Uber está trabajando en conjunto con la NASA en desarrollar una flota de taxis aéreos para operar en la ciudad de Los Ángeles California en los EEUU tan pronto como en el año 2020.

Posteriormente, Elon Musk entró a la polémica con un tuit ya reseñado en Gizmodo.

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Rápidamente, la imaginación de muchos comenzó a volar y a imaginar una flota de estos taxis voladores llevándolos por encima del congestionado tráfico de las ciudades más importantes de ese país y del mundo. Invariablemente, muchos pensaron en la ciudad de Nueva York, que aunque ya posee un enorme sistema de transporte público, éste es claramente insuficiente y el tráfico de la gran manzana suele ser un martirio a casi cualquier hora del día.

Desafortunadamente, hay ciertos obstáculos que Uber y cualquier empresa similar que desee ofrecer transporte aéreo dentro de la ciudad de Nueva York deberá sortear, y muchos de estos obstáculos son generados por terribles fantasmas del pasado que va a costar bastante tiempo, dinero y esfuerzo exorcizar.

La ciudad de Nueva York, más concretamente la isla de Manhattan es uno de los centros financieros y turísticos más bulliciosos y concentrados del mundo. Muchas de las grandes empresas del planeta tienen su sede en este lugar; casi 2 millones de personas tienen su hogar en este sitio y la población del resto del área metropolitana de Nueva York que trabaja en este lugar hace que a diario se concentren en este sitio otros 2 millones adicionales, sin contar a turistas y visitantes de otros estados de la unión americana. Tiene uno de los sistemas de metro más largos, congestionados e intrincados del orbe y por su condición de isla resulta difícil moverse en automóvil dentro de esta zona y entrar y salir por los múltiples puentes y túneles que comunican Manhattan con el exterior.

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Con estas características, un sistema como los taxis áereos de Uber suena bastante atractiva: poder moverte en minutos por el aire hacia Queens, Brooklyn, Staten Island, New Jersey o algún punto en la orilla contraria de la ciudad resulta bastante utópico. En especial si hay puntos particularmente críticos de alcanzar desde Manhattan son los diferentes aeropuertos: el JFK, el de Newark, Teterboro o esa pesadilla llamada La Guardia son las puertas de entrada y salida a la gran manzana y muchas veces al país, de miles de personas a diario. Sin embargo, desplazarte a ellos suele consumir bastante tiempo, independientemente de la opción que tomes para intentar llegar para tomar tu vuelo, muchas veces puede consumirte más de medio día solo tomar un avión desde Nueva York por la simple razón de que los aeropuertos están todos bastante lejos de donde está “la acción”, de a donde van la mayoría de los viajeros que es a Manhattan.

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La idea de llegar volando directo al corazón de Manhattan no es nueva, ya en los años 30 se jugó con la idea de llegar volando en zeppelin desde Europa directo al último piso del edificio Empire State (el enorme mástil que lo corona era justamente para amarrar dirigibles). El terrible accidente del Hindenburg sobre Lakehurst Nueva Jersey llevó a descartar la idea: sólo imaginar pedazos de dirigible ardiendo cayendo directo a las calles de Nueva York desde encima del Empire State hizo sudar frío a los responsables de dicha idea y todo quedó en escenas habituales en películas y novelas de retrofuturismo.

Sikorski S61L partiendo del helipuerto del edificio Panam en Manhattan
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La compañía New York Airways, fundada en 1949, fue la primer empresa en ofrecer servicios de transporte de pasajeros en helicóptero en los Estados Unidos desde el aeropuerto LaGuardia en Nueva York. hacia el aeropuerto Idlewild... que si no te suena es porque hoy se llama de otra forma: John F. Kennedy.

Un sikorsky de la New York Airways... atento a la matrícula del mismo.
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El servicio fue sumamente exitoso, por lo que los propietarios de la empresa decidieron subir su apuesta: ¿qué tal un servicio de transporte aéreo desde el aeropuerto hasta el corazón directo de Manhattan?, con ello lograrían hacer realidad el añejo sueño esbozado en los 30's en el que viajeros de globos dirigibles pudieran llegar directo al corazón de la gran manzana arribando al Empire State.

Evidentemente, el icónico edificio en el que King Kong hizo de las suyas no podía ser utilizado para tal propósito pero había otro a pocas calles de ahí perfecto para el plan: el edificio Panam (hoy en día edificio Metlife y recientemente adquirido por la destilería de whiskey “Statesman”, según la película “Kingsman: The Golden Circle” XD), en cuya azotea había un enorme helipuerto que New York Airways se las arregló para alquilarle a la Pan Am mediante un acuerdo de sociedad que implicaba que la aerolínea era propietaria de las aeronaves y la NYA, propietaria de las rutas.

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El vuelo duraba alrededor de 10 minutos y costaba 4.50 dólares de la época (el equivalente a 40 dólares actuales).

Sin embargo, durante los 70's, los árabes repentinamente ganarían conciencia de que estaban sentados en una auténtica mina de oro negro y provocarían una crisis energética de la que seguimos pagando sus consecuencias, por lo que la empresa se encontraba en una situación financiera delicada.

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La estocada final sucedió el 17 de mayo de 1977 (si, 8 días antes de que se estrenara mundialmente Star Wars :) ) a las 5:30 p.m., un Sirkorsky S61L, matrícula N619PA, aterriza de forma rutinaria sobre la azotea del edificio Panam, como ya lo había hecho varias veces ese mismo día. Del aparato descienden 21 pasajeros provenientes del aeropuerto y mientras tanto entre 15 y 20 ya estaban haciendo fila para abordar el helicóptero, que continuaba encendido y con las turbinas a ralentí.

Repentinamente y sin que nada pudiera anticipar lo que a continuación iba a suceder, la azotea del Panam se convirtió en un pandemonium. Una de las patas soporte del tren de aterrizaje colapsó, provocando que el helicóptero volcara y las aspas del rotor principal que giraban a toda velocidad emularon a las aspas de una licuadora matando a 4 pasajeros de los que estaban haciendo fila para abordar, 3 de forma instantánea (uno decapitado y otro prácticamente partido a la mitad), y otro que fallecería poco después en el cercano hospital Bellevue. El rotor, al impactar con el suelo del helipuerto, se desintegró y pedazos del mismo salieron disparados hacia el nivel de la calle 200 metros más abajo, hiriendo de gravedad a una mujer del Bronx de nombre Anne Barnecott que estaba esperando el autobús en la avenida Vanderbilt y fue atravesada por un pedazo de rotor a gran velocidad. Barnecott moriría en la calle en brazos de un transeunte que intentó auxiliarla poco antes de que llegaran las asistencias.

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Después de varios días de limpieza e investigación, se determinó la causa del accidente: las vibraciones y el estrés producido por los constantes despegues y aterrizajes en tan corto tiempo múltiples veces al día provocaron la fatiga del metal de la pata del tren de aterrizaje que colapsó.

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Fue el final de los vuelos desde la parte alta de edificios en Nueva York. A raíz del accidente, la ciudad emitió una ordenanza prohibiendo los helipuertos en las azoteas de edificios, matando el negocio de New Yok Airways que después de un segundo accidente fatal, esta vez en el aeropuerto La Guardia dejó de volar para siempre.

El helicóptero accidentado fue bajado 5 días despúes mediante el elevador de carga y contrario a los pronósticos, fue reparado y volvió a volar, teniendo un paradero increíble. En 1982 fue vendido a una compañía argentina llamada Helicópteros Marinos, fue registrado con la matrícula LV-OMG (si, en serio!) y participó en la Guerra de las Malvinas como parte del “Escuadrón Fénix”.

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En 1986 fue a dar al continente africano, a Sudáfrica y en 1993 fue adquirido por el departamento de pesca del gobierno de Namibia, donde sirvió hasta sus últimso días en 1999.

La ordenanza de prohibición de aeronaves aterrizando en NYC sigue vigente, por lo cual técnicamente los taxis voladores de Uber estarían prohibidos en Nueva York (uno de los mercados que convirtió a Uber en lo que es hoy en día).

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Uno de los problemas que deben solucionar es el del ruido, las vibraciones y la fatiga del metal, que fueron las principales causas de la debacle de New York Airways. Sin embargo, hace 40 años quedó demostrado que existe un mercado para transportar pasajeros por aire hasta el corazón de las ciudades, el problema es hacerlo con la seguridad y eficacia requeridas para que sea económicamente viable.

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*Con fotos e información de The New York Daily Mail.

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